
Román Ramos Uría, quien falleció a los 84 años de edad, ha dejado como legado no solo la supertienda La Sirena y red de supermercados, sino ejemplos como la innovación y la capacidad de trabajo. A él se deben detalles como los precios fijos de las mercancías, lo que puso fin al regateo en los grandes establecimientos, pero también la implementación de nuevos conceptos que han catapultado el comercio. Al llegar al país en 1959 desde España con solo 17 años de edad solo tenía garantizado un empleo. Pero al cabo del tiempo compró, con un socio, el establecimiento. Ese lugar fue La Sirena, que todavía opera en la avenida Mella, donde se inició, pero que hoy cuenta con grandes instalaciones. Román Ramos nunca dejó de trabajar ni de estimular a su personal sobre la necesidad de desarrollarse en el comercio o cualquier otra actividad. Con su muerte el país pierde a un ícono del trabajo y la iniciativa, que hizo valiosos aportes a la economía a través de la fundación de empresas, la creación de empleos y los aportes al fisco.