
Según las últimas encuestas de opinión electoral servidas para que las juzgue el cerebro y no el corazón, el partido oficialista luce como contra las cuerdas por las dificultades que debe enfrentar el Gobierno. El factor descenso había de ser poco apreciable para los “estrategas” oficialistas después de seis años de derroche, de gestión dadivosa, una amplia y costosa campaña publicitaria, brindando una sensación de satisfacción en la gente, es decir: fotos y vídeos; cálculos y cercanías. Es como construir una realidad sobre la base del señuelo, la trampa mediática, del engaño, y de la soflama demagógica. Sin embargo, en medio de este frenesí aparece el fenómeno con toda su magnitud, cuando con malos datos le sorprende la verdadera realidad. Son cifras malas de solemnidad, con lo que se confirma que estamos en presencia de una marcha atrás y no de un simple tropezón con consecuencias. Entonces, buscando recuperarse de esta desilusión tan fuerte, el Gobierno apela a buscar más recursos económicos por vía tributaria para continuar su excesivo gasto. Indudablemente que esto contribuye con la confusión política y la delicada situación interna partidaria que ya empieza a mostrar una declarada guerra interna.