
El Estado dominicano ha venido renunciando sistemáticamente a su primordial deber y razón de ser: la defensa de la República frente a cualquier agresión o intervención extranjera, sin importar de dónde venga ni cómo se realice. Con esta afirmación nos referimos, concretamente, a su conducta ante esta segunda invasión haitiana a nuestro territorio (ahora bajo la engañosa fachada de pacífica migración).