
Cuando decidimos emprender un viaje, preocupamos por tener en orden el pasaporte, el alojamiento, los boletos aéreos, el itinerario de lugares a visitar y el cambio de moneda. Sin embargo, hay un detalle por el que nunca nos preocupamos: investigar las costumbres y normas sociales del lugar al que vamos a visitar. Ese desconocimiento se puede convertir no solo en un momento incómodo, también en una multa inesperada.