
Si viviese de nuevo el momento de 1963 en que Ramón Oviedo —tratando de mejorar mi situación económica— me recomendó como creativo a Manuel García Vásquez, presidente de Publicitaria Excelsior, le diría: “¡Gracias, Ramón, pero prefiero seguir como estoy, militando en la izquierda revolucionaria y escribiendo teatro!”